SOLAMENTE EL TRABAJO TE ENSEÑARÁ CÓMO HACERLO BIEN

Por Alberto H. Mottesi

¡Pocas veces se mira una luna llena tan bella como la de aquella noche! Bueno, es que yo vivo en la ciudad, y allí la contaminación no permite observar la belleza como se ve en el campo. Aquella casita pequeña era el hogar de Ramiro y Teresa. Ambos eran campesinos, humildes, nobles, trabajadores, honrados, como lo son nuestros hombres y mujeres de la tierra. Allí, alumbrándose con un débil foco de luz, en la mesa donde la familia comía, estaban Arturo y Felo haciendo su tarea de la escuela.

Ramiro no era un hombre de letras. Pero creía firmemente en que la educación era la única salida para sus hijos. Por eso, sentado al lado de ellos, una y otra vez, los hacía repetir los problemas de matemáticas, las lecturas del idioma, y aprender los conceptos de ciencias y otras materias. Los niños se cansaban, protestaban, lloraban… Pero Ramiro era implacable en sus convicciones. Él sabía que sólo el trabajo, los errores, las correcciones y la perseverancia enseñarían a sus hijos a cómo hacerlo bien.

Pasaron los años, los muchachos dejaron la casa para ir a la universidad. Ambos trabajaron y con la ayuda de becas lograron graduarse: uno como abogado y el otro como ingeniero agrónomo.

Cuando estos muchachos iban a visitar a sus padres, ¡con qué ojos de admiración y afecto miraban a Ramiro, que ahora era un hombre viudo! Lo abrazaban, lo besaban y, una y otra vez, le ofrecían llevárselo con ellos a la ciudad. Pero el olor de la tierra fresca y mojada era muy atractivo para Ramiro…

Mis estimados amigos, las cosas no vienen gratis. Hay que trabajar duro para obtenerlas. Ustedes lo saben, porque son trabajadores. Y el trabajo es una escuela; solamente haciéndolo se aprende.

Una vez Jesucristo dijo de su Padre Dios: “Mi Padre hasta ahora trabaja”. El Rey del Universo, el creador de todas las cosas, el que dijo: “Mío es el oro y la plata, el mundo y los que en él habitan”, todavía trabaja…

¿Por qué trabaja Dios? ¡Por amor a ti! Dios quiere que tú tengas una vida abundante, Dios quiere que tú salgas de la esclavitud de vivir sin un propósito, hacia una que tenga repercusiones eternas para ti y para los tuyos. Pero como con tu trabajo no puedes ganar estas cosas, Dios envió a su Hijo para que Él lo ganara para y por ti.

¡Y en efecto que Jesús lo ganó! Al morir en la cruz y al resucitar de entre los muertos, Él se ganó el derecho de que tú, sin trabajar por ello, tengas gratuitamente la vida eterna. La Biblia dice: “Ustedes han sido salvados porque aceptaron el amor de Dios. Ninguno de ustedes se ganó la salvación, sino que Dios se la regaló. La salvación de ustedes no es el resultado de sus propios esfuerzos. Por eso nadie puede sentirse orgulloso”.

Acepta el regalo de Dios; acepta a Cristo como tu Señor y Salvador y serás salvo tú y tu casa. Ah, algo más: cuando lo tienes a Él no solamente se asegura tu eternidad. También aquí y ahora, tu vida será más fácil, más hermosa, más llena de logros, más llena de paz.

(Este mensaje fue predicado originalmente en el programa radial Un Momento con Alberto Mottesi transmitido diariamente en más de 2000 emisoras)

ALBERTO MOTTESI EVANGELISTIC ASSOCIATION
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