EL ROSTRO DE LA DEPRESIÓN

robin-williams1A la depresión le encanta disfrazarse. Detrás de una radiante sonrisa podría esconderse una gran tristeza, un profundo vacío y un tenebroso temor que paraliza.

DAVID FLORES / EL DIARIO CRISTIANO

Como portada para este tema se ha colocado a uno de los íconos de la comedia norteamericana más destacados de las últimas 5 décadas. Estamos hablando del actor Robin Williams, quien protagonizó diversos personajes durante su carrera en la televisión y en el cine.

Una de las fotografías tomadas poco tiempo antes de que el actor tomara la trágica decisión de privarse de la vida fue una en donde aparece luciendo una sonrisa de oreja a oreja, pero detrás de esa sonrisa se escondía una depresión que quizás el mundo entero jamás imaginó que existía.

¿QUÉ ES LA DEPRESIÓN?

Los estudiosos de la psicología consideran que la depresión es mucho más que estar de bajo de ánimo. Aunque todo mundo experimenta depresión más de alguna vez en su vida hay quienes sufren períodos muy prolongados de este trastorno que podría convertirse en días, meses o, incluso, años.

Como bien se indicó al principio, la depresión puede ocultar su verdadero rostro, y en vez de ver personas deprimidas con rostros serios y aburridos, sabemos que por allí podrían haber personas altamente deprimidas regalando su mejor sonrisa, siendo el centro de atención de los grupos, siendo el alma de la fiesta en los eventos sociales, pero al final del día se quitan el falso rostro y sale a luz, en lo privado, lo que realmente sienten: depresión.

Los síntomas de la depresión pueden variar: estar sin ánimo, tristeza, desesperanza, pérdida de interés por lo que antes le gustaba, irritabilidad, cansancio, ganas de llorar sin motivo aparente, mucho sueño o todo lo contrario (insomnio), poco apetito o lo contrario (glotonería), excesivas críticas a uno mismo, pensamientos negativos o suicidas.

¿QUÉ CAUSA LA DEPRESIÓN?

Diferentes sucesos pueden actuar como desencadenantes de la depresión en personas diferentes, pero pueden aumentar el riesgo algún episodio no superado del pasado, fallecimiento de seres queridos, desempleo, soledad, problemas intrafamiliares, divorcios, traumas psicológicos, enfermedades físicas, problemas de salud, medicamentos, alcohol, drogas. Las mujeres pueden ser más vulnerables después del parto.

La depresión no tiene edad, puede padecerla el niño o niña, el preadolescente, el adolescente, el joven, el joven adulto, el adulto, el anciano. La depresión no ve clase social, ni etnia, la puede sufrir el rico y el pobre, el latinoamericano como el anglosajón, cualquiera puede ser víctima.

Si usted cree que está siendo afectado por la depresión o si algún familiar suyo está sufriendo esta enfermedad no dude en buscar ayuda psicológica (*), ayuda médica, y sobre todo, busque la ayuda de DIOS porque definitivamente la depresión huirá ante la presencia del TODOPODEROSO.

* La depresión es una enfermedad y como toda enfermedad necesita un diagnóstico. Busque a un médico, psicólogo o psiquiatra.

 

¿QUÉ DICE LA SANTA BILIBA DE LA DEPRESIÓN?

Un caso de depresión, tal vez de los más famosos de la Santa Biblia, le ocurrió a un hombre que fue uno de los profetas más grandes que se mencionan en las Sagradas Escrituras, que incluso no conoció la muerte sino que fue arrebatado por un carro de fuego que lo llevó a los cielos, pero que también como cualquier ser humano normal sufrió de depresión como quizás usted lo está padeciendo ahora mismo. Pero Dios mismo lo sacó de ese estado depresivo y lo encarriló nuevamente a continuar con su vida a lado de su Creador. Por supuesto, estamos hablando del profeta Elías.

El relato se encuentra en el Primer Libro de Reyes, capítulo 19, del versículo 1 al 19. Aquí hemos de encontrar al profeta Elías en sus días de gloria y en sus días en los que estuvo en la más grave depresión de su vida. Y en este mismo relato vemos como el DIOS mismo lo restaura y lo saca del estado de depresión en el cual estaba sumergido profundamente.

 

Leamos las escrituras:

1 Reyes 19 Nueva Versión Internacional (NVI)

Elías huye a Horeb

19 Acab le contó a Jezabel todo lo que Elías había hecho, y cómo había matado a todos los profetas a filo de espada. Entonces Jezabel envió un mensajero a Elías para decirle: «¡Que los dioses me castiguen sin piedad si mañana a esta hora no te he quitado la vida como tú se la quitaste a ellos!»

Elías se asustó[a] y huyó para ponerse a salvo. Cuando llegó a Berseba de Judá, dejó allí a su criado y caminó todo un día por el desierto. Llegó adonde había un arbusto,[b] y se sentó a su sombra con ganas de morirse. «¡Estoy harto, Señor! —protestó—. Quítame la vida, pues no soy mejor que mis antepasados». Luego se acostó debajo del arbusto y se quedó dormido.

De repente, un ángel lo tocó y le dijo: «Levántate y come». Elías miró a su alrededor y vio a su cabecera un panecillo cocido sobre carbones calientes y un jarro de agua. Comió y bebió, y volvió a acostarse.

El ángel del Señor regresó y, tocándolo, le dijo: «Levántate y come, porque te espera un largo viaje». Elías se levantó, y comió y bebió. Una vez fortalecido por aquella comida, viajó cuarenta días y cuarenta noches hasta que llegó a Horeb, el monte de Dios. Allí pasó la noche en una cueva.

El Señor se le aparece a Elías

Más tarde, la palabra del Señor vino a él.

—¿Qué haces aquí, Elías? —le preguntó.

10 —Me consume mi amor[c] por ti, Señor Dios Todopoderoso —respondió él—. Los israelitas han rechazado tu pacto, han derribado tus altares, y a tus profetas los han matado a filo de espada. Yo soy el único que ha quedado con vida, ¡y ahora quieren matarme a mí también!

11 El Señor le ordenó:

—Sal y preséntate ante mí en la montaña, porque estoy a punto de pasar por allí.

Como heraldo del Señor vino un viento recio, tan violento que partió las montañas e hizo añicos las rocas; pero el Señor no estaba en el viento. Después del viento hubo un terremoto, pero el Señor tampoco estaba en el terremoto. 12 Tras el terremoto vino un fuego, pero el Señor tampoco estaba en el fuego. Y después del fuego vino un suave murmullo. 13 Cuando Elías lo oyó, se cubrió el rostro con el manto y, saliendo, se puso a la entrada de la cueva.

Entonces oyó una voz que le dijo:

—¿Qué haces aquí, Elías?

14 Él respondió:

—Me consume mi amor por ti, Señor Dios Todopoderoso. Los israelitas han rechazado tu pacto, han derribado tus altares, y a tus profetas los han matado a filo de espada. Yo soy el único que ha quedado con vida, ¡y ahora quieren matarme a mí también!

15 El Señor le dijo:

—Regresa por el mismo camino y ve al desierto de Damasco. Cuando llegues allá, unge a Jazael como rey de Siria, 16 y a Jehú hijo de Nimsi como rey de Israel; unge también a Eliseo hijo de Safat, de Abel Mejolá, para que te suceda como profeta. 17 Jehú dará muerte a cualquiera que escape de la espada de Jazael, y Eliseo dará muerte a cualquiera que escape de la espada de Jehú. 18 Sin embargo, yo preservaré a siete mil israelitas que no se han arrodillado ante Baal ni lo han besado.

 

El gran profeta del Dios Altísimo, Elías, cayó en profunda depresión luego que la reina Jezabel le mandó a decir, por medio de un mensajero, que lo iba a matar.

La depresión de Elías vino inmediatamente después de haber orado para que no lloviera durante tres años, luego que venció a los sacerdotes de Baal e hizo que cayera fuego sobre un altar, luego que oró para que lloviera tras una devastadora sequía y llovió como nunca y luego que mató a 450 sacerdotes de Baal en el Monte Carmelo. ¿Cómo puede ser posible? ¿Cómo es posible que haya sentido miedo de una mujer que le mandó a decir que le iba a matar?

Quizás alguna vez nos hemos sentido como Elías, luego haber tenido una vida plena, luego de haber luchado por nuestros sueños, por nuestros ideales, y sentir que no hay problemas, que hay felicidad, que hay alegrías, una familia integrada, un buen trabajo, con todo lo que podamos soñar, pero un día despertamos y nos damos cuenta que algo hemos perdido, y se nublan nuestros sueños y nuestras esperanzas, y caemos en la autocompasión.

En el relato bíblico se muestra a un Elías devastado y lleno de miedo y huye. Dejó de oír la voz de Dios y comenzó a escuchar su voz interna que lo sumergió aún más en un estado de depresión grave. Comenzó a sentir culpa y, a pesar de haber hecho milagros en el Monte Carmelo, ahora pedía a Dios que le quitara la vida. Se aisló, buscó la soledad y no quería vivir más.

Cuando llegó a Berseba de Judá, le pidió a su criado que se quedara allí y él decidió continuar caminando solo. Pero Dios sabía lo que le estaba pasando a Elías, Dios mismo sabía que tenía depresión, así que el Dios Altísimo decidió tratar personalmente a Elías, y lo primero que hizo fue sustentar su cuerpo. Le envío aves del cielo para que le dieran de comer. Y luego que comió ya fortalecido caminó 40 días y 40 noches hacia Horeb, el otro nombre que se le daba al Monte Sinaí, en donde Moisés recibió las tablas de la ley.

Cuando Elías llegó al Monte Sinaí se metió a una cueva y se aisló del mundo. Pero Dios le preguntó:

-¿Qué haces allí Elías?

Quizás hoy esta misma pregunta te está haciendo Dios a ti. ¿Qué haces allí donde estas aislado? ¿Qué haces allí sumergido en tus diálogos de autocompasión, de culpa y desesperanza?

Luego el Dios Altísimo le dice:

-Sal fuera.

A partir de allí se restablece la comunicación con el Dios vivo. ¿No te has preguntado que quizás eso también ha paso contigo? ¿No será que hace años perdiste la comunión con el Señor tu Dios?

Por fin Elías sale de la cueva y vuelve a hacer la voluntad de Dios. Elías vuelve a encarrilarse en el propósito que Dios tenía para su vida.

Había salido quizás con lágrimas, acabado y derrotado, pero ahora que tenía la plena comunión con su creador, iba de vuelta con regocijo. Sin miedo. A cumplir el propósito de Dios para su vida.

Dios Todopoderoso le enseñó a Elías que Él está en todas partes, pero a veces no está en el viento recio, tampoco en el terremoto, ni en el fuego, como lo ocurrido en la gran victoria del Monte Carmelo, sino a veces el Señor Dios Todopoderoso está acompañándonos a nosotros en medio de nuestra aflicción, como a Elías en el Monte Sinaí, allí en la cueva donde estamos escondidos, y llega a nosotros como un suave murmullo, y nos dice: “Sal fuera”.

Si estas pasando depresión, sal fuera y ponte delante de Dios Todopoderoso. Dios te comprende y no hay nadie como Él. Busca el descanso para tu cuerpo, para tu alma si necesitas ayuda psicológica y para tu espíritu si necesitas el alimento de la Palabra de Dios. Dios está esperando por ti.

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y

cargados, y yo os haré descansar”.

(Mateo 11:28)

 

www.eldiariocristiano.com

 

 

 

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1 Comment

  1. Buenas noches, gracias por este mensaje. Llevo mas de 20 años con depresion. Pero a pesar de esto siento que Dios siempre ha estado conmigo en los momentos que siento que no puedo mas. Muchas gracias esta lectura de Elias me reconforta y yo tambien quiero salir de la cueva algun dia.

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